
Textos
La peregrinación (de Verme)
...los lagrimones...
...las últimas
poblaciones...
...los pobladores
de las últimas
poblaciones...
...los lagrimones
de los pobladores
de las últimas
poblaciones
rodando...
...los lagrimones
rodando
en la madrugada
clara...
...en la madrugada
clara...
...en la madrugada
clara
los lagrimones
de los últimos
pobladores
rodando...
...los lagrimones
poblados
con las caras
de los últimos
pobladores...
...esas últimas
caras...
...en la
madrugada clara
en los lagrimones
los poblados
despoblados...
...los lagrimones...
...los lagrimones
poblados
con las miradas
últimas
de los últimos
pobladores...
...esas últimas
miradas...
...en los lagrimones
rodando...
...esas
miradas últimas
en las caras últimas
de los últimos
pobladores...
...esas últimas
caras
y sus últimas
miradas últimas
en los
lagrimones...
...los lagrimones...
...los lagrimones
en tropilla
atropillados...
...cruzando
en tropilla
la frontera última
de los
pobladores
últimos...
...la madrugada
los pobladores
los lagrimones
esas últimas caras
esas últimas miradas
es frontera
última...
...esa frontera
última
de los pobladores
últimos
cruzada en la
madrugada
por los lagrimones.
...pieses...
...pieses-lagrimones...
...los últimos
pobladores...
...los pobladores
últimos
viéndose
cruzar
...con esas
caras últimas
despobladas...
con esas
miradas
últimas...
...con esas
miradas
pobladas de
miradas
últimas...
...esas caras...
...esas miradas...
...viéndose
cruzar
la frontera
última...
su última
frontera...
...pieses...
...pieses
buscando
un rumbo...
...rumbeando...
...pieses
buscando
un rumbo
en peregrinación
...pieses
olfatiando
en peregrinación...
...de
pelegrinos...
...pieses
en el desierto...
...pieses
tantiando
qué es
ese desierto
o nada...
...cruzada
ya esa última
frontera...
tratando
tantiando
de saber...
...pieses
pelegrinos
en pele grinación...
...olfatiando...
...tantiando...
...en esa
nada o
casi nada
o desierto...
...y sin porrón...
...pieses
calzando
lágrimas
lagrimones...
...pieses-lagrimones...
...pieses-
lagrimones
calzando
lágrimas
que se secan
en el desierto o
nada o
casi nada...
...o nada...
...y
sin porrón...
...tropillas
de pisadas
de
pieses...
...olfatiando...
...perdiendo
el rumbo...
...perdiéndose...
...tratando
de rumbiar...
...tantiando
en ese desierto
o casi nada o
nada...
...y
sin porrón...
...extrañados...
...extrañaos...
...perdiéndose
detrás de
esa frontera
última
de su frontera
esa
última...
...detrás
de su frontera
esa última
de pobladores
últimos...
...pelegrinando
en pelegrinación
de peregrinos....
detrás
ya
de sus miradas
últimas...
...extrañaos
de extrañarse...
...acostumbrándose
a no ya
verse
a no verse
ya'.
.a
ya no ver.
...acostumbrarse
a no ya
poder
a no poder
ya'...
...sosegándose...
...amansándose...
...a ya
no desear
a no desear
ya'...
.sosegándose
a mansándose
detrás
de la frontera
última
cruzada ya'...
...acostumbrándose
a no ya
saber...
a no saber y'a
o ya...
...a no ya
esperar
saber
a no esperar
ya'...
...a no
tantiar
ni rumbiar
ya'...
...pieses...
...pieses-
lagrimones
que ya
no casi
pisan...
...lagrimones
ya secos
casi o
secos...
...pieses
que
ya no sienten...
extrañaos...
...acostumbrándose
a no ya
sentir
a no sentir ya'
ni ser sentidos...
...a no ya
sentirse...
...sosegándose...
...amansándose...
...acostumbrándose
a no
ya recordar...
ni a recordarse
ya'...
...a ya no
entender
ni ya entenderse
...a no entenderse
y'a
o y'o
ya...
detrás
de
su frontera
última
de pobladores
últimos...
...acostumbrándose
ya
a estar
perdidos ya'...
...perdiéndose...
...refalándose...
...resbalándose...
...perdiéndose...
...res-
balando!...
...perdidos...
...resbalaos...
...resfalaos...
...refalados...
...refalaos...
Pablo (de
Reescrituras)
1
a la verdad: en. mas os. mas
considerad: y. mas. pero. y testimonio. y no hay quien sea
cuerdo.
gracias. y os. y paz. esto y: continuamente: de.
por el nombre. así. así: es. por
qué. por: lo demás. por: la. empero. la
palabra. el nombre: de. considerad. pues que: nuestro.
y os: es que. mas os: a. en
verdad. o: que habéis. o: habéis: en:
a. la palabra. el nombre de. la
palabra. continuamente: la cual. en: la cual. mas de:
manera. en
nosotros. es que. y testimonio. en. y: que. y gracias. y
os: por. y: en verdad: la palabra. y
paz.
2
destruiré por: pues. Plugo plugo a. por la locura
destruiré la: a la. a. destruiré. ¿dónde están?.
de los: la
sabiduría. Plugo que: discierne: y a él no. a
la sabiduría de los: destruiré. a la
sabiduría de los que: no. que en el mundo no. ya que.
¿dónde
están?. destruiré por: la locura. a la. por
Plugo que. por la locura que. por medio de. por
la locura que y de
Plugo: que discierne. y conoce. y a él no. a Plugo: no
lo conocieron: en este. ya que.
Plugo: plugo a. a los. ¿dónde están? así es
que:
destruiré.
3
lo que parece. lo que en los prudentes. lo que
en los prudentes: parece. mas
nosotros no por. no
la: prudencia. por la locura: nosotros: por la. de manera
que: no.
pues que. los prudentes que: parecen. desecharé la.
¿quiénes son? mas nosotros no. ¿o habéis?. los
llamados:
¿quiénes? ¿ellos?: ¿son? mas empero: nosotros.
lo
que parece en nosotros: la no. no
la: sino. la locura. no
la prudencia: desecharé. y lo que parece la. los
prudentes ¿quiénes
son? ¿los llamados?: no. empero habéis. y nosotros: la
locura. lo que: en. lo que en nosotros. lo que
parece en nosotros: la. una. la locura es:
sabiduría.
4
para confundir: he
escogido. he. para: a. un. en misterio:
los necios pues por: la sabiduría recóndita de. por
lo demás. a los necios. está. he. de los necios: he
escogido: está escrito: los necios. la
necedad de delante de: hágase. para
confundir a los: a la sabiduría de. está. he
escogido: y también: a los flacos. a
los que no: a
los viles. a
los despreciables. a los que no. considerar. mas: si bien.
de manera que: yo. he: para comprender.
he: escogido: la sabiduría. mas no la. empero: la cual.
la sabiduría de confundir: a los. he
escogido: a los necios ¡salvado! está escrito que: a
los viles delante de. a los flacos
delante de. a.: he escogido a: los
despreciables delante de. en. si bien: un misterio. la
recóndita: la sabiduría de:
los necios delante de la sabiduría de los sabios. de los.
mas empero. hágase necio para ser. para: comprender:
¡salvado!
la sabiduría de los
necios delante de: la cual
en: un
misterio.
5
porque el hombre. por lo demás: considerad: el
animal. él:
¡oh hombre! ¿quién? si bien. considerad: que no. el
animal no
puede. y el hombre: ¿quién? el
animal que es. si bien. animal
y: el hombre: él y
animal: no
discierne. considerad: pues. la luz. la mente:
para él: no. la luz no. puesto que. la. por
lo demás: hombre y ¿quién? ¡oh! y
ánima. si bien: y
luz que no. y mente que
no. y: ¿quién conoce? y ánima que. y
animal que. ¿quién? pues
si bien. por: lo demás: considerad: no
discierne. y: pues para él. no. si bien: no
puede. el hombre. él. el hombre. y:
¿quién la mente? y
¿quién conoce?
Cartoon (de Odiseo confinado)
En el primero
de los cuadros
(el de presentación,
dibujado
sobre el reducido
blanco del papel
que, enmarcado entre
esos cuatro lados
(sin línea divisoria
de horizonte),
la inmensidad abismal
simula,
perdido en ella,
un islote
resuelto con una sola línea
que en óvalo
se cierra.
Islote
de no más de
cinco centímetros
en su parte
más ancha,
y en cuyo centro
veo
dos garrapateadas
minicaricaturas:
engendro masculino
la una,
femenino
la otra,
inacabados, hechos
con trazos locos
burdamente esbozados;
a medio hacer,
grotescos,
desproporcionados,
con sus mini-cabezotas
soldadas directamente
al tronco
apenas sugerido,
al igual que
sus extremidades.
Semidesnudos ambos
en la actitud
de dos náufragos
que desde siempre
lo hubieran sido,
monstruosamente cómicos,
cómicamente
incompletos,
dialogando con
palabras encerradas
en globos respectivos,
sentados
el uno
junto al otro,
ella mira
distraídamente
hacia el blanco
de afuera del
islote,
(blanco en el que mar
y cielo nuestra mente
imagina),
con sus ojos
saltones, abultados
de batracio,
similares a los
de él:
dos redondeles
que, como los ojos
de éste,
ocupan todo
el lugar
de la frente,
a los lados
de las protuberantes
narices;
pero a los de él
diametral
los cruza,
una línea
que aspecto les da
de entrecerrados,
sugiriendo
la somnolienta
pesadez del tedio...;
en tanto, de su boca,
en un agrio
bostezo abierta,
(boca sin labios
como la de ella),
rompiendo, al parecer,
un largo,
incómodo silencio,
salen estas
palabras
cargadas de
no poca
tensión:
–Lupita,
llevamos años de
novios y
nunca me has dado
un beso,
a lo que ella
respóndele
sonriente,
tranquilizadora:
–Hoy es
el día.
Y ya en el
cuadro 2:
–¿El día
del beso?
pregúntale él
acucioso,
súbitamente
recuperado
de su largo
sopor,
ahora de pie
como por un
resorte impulsado,
posando cariñoso,
(y nervioso
y expectante),
su mano
de dos dedos
en el hombro
de ella.
Ambos están
de perfil,
en un primer
plano
que destaca
sus risas:
en realidad,
exageradas muecas
que
estiran
la línea de
sus bocas
hasta la línea
opuesta
de la nuca:
–no
hoy voy a
dar a
luz,
rectifica
ella,
que sin dejar
de reír,
le ha hecho
el anuncio.
Y en el cuadro
3:
él ya no ríe,
y atrapado
en la incógnita
de una
paternidad
dudosa,
arrojado, de pronto,
al otro extremo,
se pregunta
a sí mismo
angustiado, al borde
del llanto,
atormentado:
–¿cómo es
posible...?,
no
recuerdo…
Se lo ve
encogido,
en cuclillas,
de espaldas
a ella,
tomándose entre
sus manos-muñones
la cabeza,
vuelto
hacia adentro,
los ojos reducidos
a una
fruncida rayita,
cuando ella
le advierte
con prontitud:
–no, no,
el que me
embarazó fue
aquel pájaro,
deseosa
de aclarar
de inmediato
el equívoco,
al tiempo que,
levantando el brazo,
señala hacia
arriba
con sus apenas
esbozada mano.
Sus ojos,
vistos desde
el blanco
del cielo,
(desde la
situación
del avistado
pájaro,
reducidos ahora
a diminutos
aunque bien
nítidos puntos,
marcan la
distancia
que va
de éste
a ella,
quien tampoco
sonríe ya;
pero en su faz
se nota, en cambio,
asoma,
algo mucho más
sutil:
esa extraña
expresión de
zozobra
que la preñez,
como una pátina,
difumina
en el rostro
de toda mujer
grávida
y que es
como la muda
manifestación
de la pregunta,
(que desde sus
entrañas va
creciendo),
por el parto
próximo;
la inquietante
pregunta
por el futuro
de su vientre.
Y en el
cuadro 4:
ni ella
ni él
están presentes.
(El cuadro
sólo enmarca
el fragmento
del blanco cielo,
con algunas
viajeras nubes
sobre el islote
que tampoco
se ve),
aunque a ella
le dan presencia
sus palabras.
Palabras en
mayúsculas,
escritas
en un globo
que ocupa
el centro
de este cuadro:
un globo,
unido al lado
inferior (del cuadro),
por un corto
conducto
de doble línea
que asciende
en zig-zag
desde el
islote
(desde la voz
de ella
que sube
del islote,
el cual, si bien
no se ve,
se entiende que
por debajo está
de dicho
límite, lado inferior del cuadro);
palabras que
subrayan,
con su tipografía
de mayor tamaño
el absurdo
de esto
que ella expresa:
–ES TAMBIÉN
MI
PARTERO,
refiriéndose
al pájaro,
y que revelan
–paralelamente–
su tierna
candidez: (esa
que la lleva
a ser
sincera
más allá de lo increíble),
pero que hacen
aún
más increíble
la situación
que aclarar
pretende.
Y, a todo esto,
el pájaro
(él sí está
presente),
desciende
hacia el
islote
desde el ángulo
superior
derecho,
con su desparpajo
de ufano
pajarraco-porno
de chiste
verde;
desparpajo
que, al parecer,
le da fuerza
para sostenerse
más que el propio
batir de alas,
mientras de su
pico,
evidentemente
fálico,
escapa una
nota musical
(semicorchea),
sugiriendo
esto,
acaso,
que fue
el gorjeo
alado
lo que a ella
sedujo,
y que
en la trinidad
que ella y
el otro habitante
del islote
y el pajarraco
integran,
este último
tiene a su favor,
precisamente,
el trino.
Y en el
cuadro 5:
–¡Holaaa...!
¿Ya se
rompió la
fuente?
le pregunta
a ella
saludándola así,
pletórico,
infatuado,
el pajarraco:
ya mucho más
cerca
del islote,
las patas
desgarbadas
dispuestas
a un inminente
aterrizaje;
procaz
en su ufanía,
apropiándose
del recurso central
del hacer
poético,
la metáfora
(porque, ¿qué es
sino metáfora
llamarle fuente
a la bolsa
del amniótico
líquido?)…
Y prosiguiendo:
–sí,
ya se
rompió,
le contesta
ella al
pajarraco,
mirándolo
maravillada
como el autor
de su milagrosa
preñez
que él es;
mirándolo
con sus ojos
ahora convertidos
en dos rayitas
verticales
(semejantes
a dos pequeños
signos
de admiración).
Ella está
de pie,
sonriente,
y a su lado
su compañero; al lado
y hecho a un
lado
(como en un
aparte),
por la misma
situación;
situación en la que ella
y el ave-porno
son protagonistas
principales.
Y, sin embargo,
la presencia
de él
también gravita:
no del mismo
modo
que la de ellos
pero sí
a la manera
de un mudo,
elocuente,
comentario.
Sentado,
mirando hacia
el frente
con sus ojos
fuera
de órbita
(y en el centro
de ambas
esferas,
un exacto,
intenso
punto de
tinta,
sus pupilas),
fija su
mirada (que
se cruza
con la nuestra);
sus cejas
admirativamente
arqueadas;
su boca
una muy breve
línea
hacia abajo
curvada,
en expresión
de cómico-trágica
perplejidad;
su mini-cabezota
inclinada
hacia uno
de sus hombros
(el derecho);
su mini mano-muñón
(la izquierda),
sosteniendo
la barbilla;
adelgazado, flácido,
colgante,
el garabato
de su nariz,
semeja así, todo él,
el signo
de una reflexión
posible
sobre cuán
rápida y
cómodamente,
después de todo,
en alas
de la ficción
delirante,
lo increíble
hácese creíble
y, de este modo,
lo inverosímil
se instala
firmemente
en medio de
nosotros
tornándose,
a poco,
más verosímil,
que lo que por
verosímil,
generalmente,
estamos dispuestos
a admitir,
abriéndosenos así,
de par en par,
las puertas
a esta vehemente
tentación:
la de asumir
finalmente,
de una vez,
la locura de una
mente
rematadamente
loca
y encerrarnos,
y después,
en esa felicidad
–tras un último
portazo–
para siempre.
Y a esa
felicidad
sigue invitando
el cuadro
6:
semiacostada,
confundida
la línea comba
de su vientre
con un tramo
de la línea
curva
del islote
–comba del
vientre y
curva
del islote–
ella
es asistida
por su preñador,
el pájaro
recién aterrizado,
en funciones
ahora
de pajarraco
obstetra.
La revisa,
la ausculta
estetoscopio
en mano
(la punta de
su ala izquierda
metamorfoseada
en un par
de dedos),
al tiempo
que le indica:
–A ver...
respirando,
uno...
en actitud
fríamente profesional,
apuntando hacia
arriba
–autoritario–
con el extremo
de su ala
derecha;
los ojos
(de batracio
también),
semientornados.
Ella, entregándosele,
sometiéndose
dócil
a esas
exploraciones,
mantiene entreabierto
el garabato
de su boca
en donde se
dibuja
una mueca
de angustia
se diría
preventiva,
se diría
de sorpresa
sorprendida
de sí misma,
en la que, de pronto,
asoma
el pánico:
rictus
que contrasta
con su alegre
expresión
del cuadro
5;
es que ha
llegado
el dolor,
o el amago
del dolor,
tras el reír.
Así,
en el dibujo
de su figura,
consecuentemente,
diversos
elementos se
organizan
en torno
de este tema:
notoria
se hace,
por ejemplo,
la rigidez
de sus
extremidades
(una mano ahora
palmípeda, paralizada
por el horror,
aplastada
contra el suelo
con desesperación,
buscando allí,
quizás,
más que apoyo
sostén;
ambas piernas
tiesas,
agarrotadas,
pies sin dedos,
como de palo,
violentamente
separadas
la una
de la otra);
como notoria
es, también,
la diferencia
del dibujo
de los ojos
respecto al
cuadro anterior:
ojos dibujados
en éste, el 6,
como dos agudísimos,
pequeños punzones,
hundidos
en la carne
del rostro.
(No hay
toc-toc
del corazón
del feto;
al menos,
escrito
no aparece.)
–¡a a a a!
¡a a a a a!
¡a a a a a!
Ella toda
es ahora
este aullido que,
de pronto,
estalla
en el siguiente cuadro,
el 7;
el paroxismo
del dolor; el dolor
que se anunciaba
en el cuadro
6.
Y vemos
a la parturienta
y a su partero,
el pajarraco,
en un primer
plano,
de perfil,
que de ella
muestra sólo
la mitad
de arriba
aunque esa mitad,
potente,
habla por
la de abajo:
contraída
al máximo
la máscara
de carne;
sepultados
los ojos bajo los
pliegues de la piel
de entre
pómulos
y frente;
los cabellos
erizados
como púas
de puercoespín;
en forma
de herradura
la abierta
boca,
y de su negra
cavidad
emergiendo
como un vibrátil
clítoris
la lengua
al modo
de un Guernica,
esa mitad
de arriba
está expresando
la culminación
del parto,
lo que todo
nacimiento
consigo trae:
la maldición
del dolor bíblico.
El pájaro,
entretanto
(ahora encrestado),
aproxima
su pico-pene
a la
abertura
de la boca
de ella
como si fuera
la punta de una
lanza
que ávida avanzara
entre la
protuberante
redondez de
su nariz
y la de sus
protuberantes
tetas
(que parecen querer
desprendérsele
del cuerpo, saltar
hacia adelante,
impelidas
por el brutal
padecimiento).
y dice lacónico,
sonriente,
esta sola
palabra:
–eso,
que suena
a cruel ratificación
(gozosa),
de aquella
maldición.
–Felicidades, fue un huevo,
le anuncia
a ella, ya en el
cuadro 8, irónicamente
el pajarraco:
tal vez esto sea así (lo irónico),
porque se trata
de un huevo contra-natura,
un huevo cúbico,
con todo y sus aristas dolorosas
fuertemente
marcadas.
Pero ahora,
en este cuadro,
lo más álgido
del trance
ya ha pasado
y volvemos
al chiste y
a su absurdo:
(el absurdo,
ese espejo
en el que
nuestra razón,
desnudándose, nos muestra
su verdadero rostro,
su sinrazón,
y con risa idiota
ríe).
El porno-pájaro,
exultante,
le muestra a ella
el expulsado
cubo-huevo
(esa, por tanto, artística
violencia),
que, con aire
victorioso,
sostiene
entre las puntas
de ambas alas.
Ella yace
ahora distendida,
y apoyada
en sus codos, aplacada
un tanto,
empina su
cuerpo
para verlo
y al verlo
se complace: su cabezota
parece
como nimbada
por un sentimiento
de maternal
cariño,
de dulzura.
Y, sin embargo,
su suplicio y
su extremoso aullido,
todavía
están ahí,
en las huellas
que la línea
del dibujo registra:
línea gruesa
que da contorno
a la hinchazón del cuerpo;
temblequeante,
como estremecida
por la brutalidad
del sufrido
sufrimiento;
manos y pies crecidos,
ahora,
bidígitos,
bestiales;
ojos mormosos,
entrecerrados,
y en la boca
una mueca
de quebrada
línea
que deja ver
unos dalineados
dientes
(como si desde
sus mismas raíces
los hubiera
sacudido
el embate
del dolor).
El huevo-cubo
está rompiéndose
porque
ha llegado
el tiempo:
una grieta
en la cáscara,
y un crack
escrito entre
la escuálida
rodilla
de ella
(se diría
que afectada
también,
disminuida
por el azote
del sufrir),
y el engrosado,
en cambio,
pico-verga
del pájaro,
así lo indican.
–¿Qué tal
eh?
¡se parece
a mí!
exclama
la masculina
mini-caricatura
–¡Es mío, tiene alas!
reclama airado
el pajarraco;
esto sucede
en el cuadro
9:
noveno y
último.
En medio
de los dos,
el cúbico
huevo roto;
y asomando
alarmado,
girando la
cabeza
de un lado
al otro lado,
salido al mundo
como desde
el fondo
de una caja
de sorpresas,
el grotesco
producto;
mezcla burda
de partes, semihecho,
engendro
engendrado
por engendros.
El masculino
engendro
lo solicita
por su
rostro
se parece
al suyo,
y el pajarraco
porque se le
parece
por las alas;
aire
de parecido
que no es
lo mismo,
lo mismo
pero
parecido: a imagen y
semejanza de, pero no De.
Relación
de semejanzas
y desemejanzas
con el modelo
(y aun
de contrastes),
que es
la parodia
(la parodia
que es
lo verdaderamente
serio,
reveladora
de nuestra verdadera
tragedia:
la de ser,
precisamente, eso,
parodias).
El ambiguo
crío,
objeto de
la disputa,
continúa volteando
su cabeza
de un lado
al otro lado,
mientras su
progenitora,
detrás suyo,
desencajado
el rostro,
señalándolo,
grita
espantada:
–¡¿Qué es esto?!
¡¿Qué es esto?!
¡¿Qué ha pasado?!
Del más cruel
fracaso,
el de ser hombre,
nace el paródico.