Dos son las formas eidéticas de conocimiento: uno, el genuino; otro, el tenebroso. Y pertenecen en total al tenebroso: vista, oído, olfato, gusto y tacto. Por el contrario, el conocimiento genuino está bien separado del otro.
Cuando el conocimiento tenebroso no puede ya, por lo pequeño de la cosa, ni ver ni oír ni oler ni gustar ni sentir por el tacto –y se hace preciso, con todo, investigar mas sutilmente–, sobreviene entonces el conocimiento genuino, poseedor de muy más sutil instrumento: del entender.
Teofrasto dice que, según Demócrito, hay cuatro colores simples. Lo blanco es lo liso, pues no es áspero, no produce sombra, y no es difícil de penetrar; todo cuanto es así es brillante, y es necesario que lo brillante tenga perforaciones rectilíneas y que sea translúcido. Aquellos de los cuerpos blancos que son duros, están constituidos por figuras tales como las del interior de las conchillas, pues son carentes de sombra, relucientes y con poros rectilíneos. Las cosas que se pueden desmenuzar y romper fácilmente, en cambio, provienen de átomos redondos, de posición inclinada los unos respecto de los otros, y unidos a pares, de modo tal que el orden total sea semejante en grado máximo. Al estar así constituidos, son fácilmente desmenuzables porque el contacto se lleva a cabo en pequeña medida; se rompen tambien fácilmente, porque sus integrantes están dispuestos en forma semejante, y no tienen sombra porque son lisos y chatos. Los más blandos de entre ellos se deben a que las mencionadas figuras son más exactas y más puras, y el orden y la posición se acercan a lo expuesto. El color blanco, por consiguiente, proviene de tales figuras. El negro, en cambio, de las opuestas: ásperas, escalenas y desemejantes; de este modo, produce sombra, y sus poros no son rectilíneos ni fácilmente penetrables; además, los efluvios son lentos y agitados, pues estos se diferencian de las representaciones en lo que se refiere a la cualidad, ya que la representación varía según la retención del aire. El rojo está formado igual que el calor, si bien tiene componentes más grandes. Cuanto mayores son sus integrantes, más rojo es. Esta es la prueba de que el rojo proviene de estos elementos: cuando nos calentamos, nos volvemos rojos, y lo mismo ocurre con las otras cosas que se han acercado al fuego, mientras conservan algo de ígneo. Lo que es más rojo es lo que está formado por las figuras más grandes, como la llama y la brasa de leña seca, respecto de la de leña verde. Lo mismo ocurre con el hierro y los otros objetos que pueden recibir la acción del fuego: lo más luminoso tiene el fuego mayor y más sutil; lo más rojo, en cambio, tiene un fuego más espeso y menor. Por esto los cuerpos más rojos son los menos calientes: el calor es propio de lo sutil. El amarillo es una mezcla de sólido y de vacío, y cambia el color según el orden y la posición de éstos. Los colores simples necesitan, por consiguiente, estas figuras, y cada uno es más puro cuando está formado por figuras con menos mezcla. Los otros derivan de la mezcla de éstos. El dorado, el bronceado y otros semejantes, por ejemplo, derivan del blanco y del rojo: toman el brillo del blanco y la coloración del rojo, pues el rojo, al mezclarse, penetra en los vacíos del blanco. Cuando a esto se suma el amarillo, surge el color más bello, pero la cantidad de amarillo debe ser poca, pues no es posible agregar una gran cantidad debido al modo en que están combinados el blanco y el rojo. Y los colores variarían según la mayor o menor cantidad que reciban. El púrpura proviene del blanco, del negro y del rojo: tiene mucho de rojo, poco de negro y una cantidad intermedia de blanco, con lo cual produce una grata sensación. Es evidente a simple vista que posee negro y rojo, mientras que el blanco se infiere del brillo y de la transparencia, que son producidas por el blanco. El azul marino proviene del negro intenso y del amarillo, si bien tiene mayor proporción de negro. El amarillo claro está formado por el púrpura y el azul marino, o por el amarillo y el púrpura; así es el azufre que además tiene brillo. El índigo deriva del azul marino y del color de fuego, con figuras redondas y de forma de flechas, de modo que el negro resulta brillante. El castaño está compuesto de amarillo y de índigo, y, cuando se mezcla con el amarillo y el blanco, se produce el color de la llama, pues así se elimina lo sombreado y negruzco. El rojo mezclado al blanco produce aproximadamente un amarillo puro y nada oscuro. Por esta razón las frutas son amarillas al principio, antes de calentarse y madurar.
El que elige para sí los bienes del alma, elige para sí los más divinos; quien los de la casa del alma elige, elige los humanos.
No son ni cuerpos ni riquezas los que hacen felices a los hombres, sino rectitud y múltiple cordura.
Gran cosa es, en las desgracias, ver cuerdamente lo que se debe hacer.
De magnánimos es llevar con mansedumbre los descuidos.
No hay manera de que sea justo el que está rendido incondicionalmente a las riquezas.
Es mejor reprocharse las propias faltas que reprender las ajenas.