Empédocles
Fragmento
Proemio
I
Es cosa de Necesidad, y determinación antigua, eterna de los Dioses, con amplios juramentos resellada, que si alguno tal vez de los Demonios a quienes cayó en suerte vida larga, por sí y ante sí profanare con criminoso asesinato amables miembros, o, si hubiere faltado en algo, aun además jurare en falso, errático ande el tal Demonio por triples diez mil años distante de lugar de Bienaventurados; y que naciendo vaya tal Demonio bajo todas las formas variadas de Mortales, de cabo a cabo de los tiempos, a lo largo de tornadizas sendas molestas de la vida.
II
Como Yo voy ahora vagabundo y prófugo del cielo, obediente a la maniática Discordia. Que ya Yo mismo doncella y doncel fui una vez, ave y arbusto, y en el Salado fui pez mudo. Ay de mí, porque a tiempo no me deshizo el Día despiadado, aun antes que en mis labios intentara de la voracidad los gestos posesores. De tal holgada beatitud y de tal honra desdichado de mí, al prado me volví de los mortales.
III
Lloré y me lamenté porque en lugar extraño me veía; lugar desagradable en que el Asesinato y Rabia y la ralea entera de los Hados, y las Enfermedades secas, contagiosas, las de fluyentes obras de Desvarío por el prado vagan y por la sombra. Aquí se hallaban Chtonia, y la de vista de largo alcance, Heliopea; Pelea, la sanguinaria, Armonía, la de ojos sosegados; Fealdad y Belleza; Retardación y Prisa; Sinceridad, la amable, y Disimulación, la de negras pupilas; Nacimiento y Perecimiento; Dulce Sueño y Vigilia; y la Inmovilidad y Movimiento; Miseria y multicoronada Grandeza: Celeste Voz y divino Silencio. Con ellos llegué a esa caverna bien cubierta.
IV
Ay de ayes... oh, progenie de los mortales, despavorida y malafortunada. de qué discordia fuiste y en qué aperturas engendrada. Que etérea Fuerza hasta el Mar va acosando a los mortales; pero el Mar de sí los escupe hacia la firme Tierra; la Tierra a su vez los expone del Sol a los fulgores incansables, mas el Sol los embala en remolinos de Aire. Que, así, uno de otro los recibe mas todos los maldicen.
V
Planes de estrechas miras van esparcidos por los miembros de los mortales y los asaltan de repente mil temerosos males embotadores de la mente. Mas, al considerar la breve parte de la invivible vida -oh, en breve morideros- que, semejante al humo, se levanta y se vuela, persuadidos de este único sesgo cada cual procura lo suyo, todos, de todas las maneras, convulsos e impelidos.
VI
En cuanto al Todo, cada cual se congratula de haberlo comprendido; cuando parejas cosas no son para varones ni visibles ni audibles ni comprensibles por entendimiento.
VII
Mas Tú, puesto que aquí te retiraste, persuádete, de que no has de ver más de lo que ve mente perecedera
VIII
Y vosotros, Dioses apartad de la lengua un maniático hablar de tales cosas; haced brotar, más bien, la fuente pura de los labios santificados. Y a ti, Musa, virgen de múltiple memoria y blancos brazos, te suplico, si es lícito en estas cosas, oír a los mortales, que a las riendas me envíes dócil carro por Piedad conducido. Que no me forzará a decir más de aquello a que la reverencia me obligare las flores del honor, de ese honor de buena opinión que de mortales se consigue.
IX
Osa, pues, y en atrevimiento, a la cima de la sabiduría asciende apresurado; y, entonces, mirarás con todo empeño que es, en cada cosa, lo manifiesto; y ni aún teniendo vista la creas más que a las pupilas; y ni aun oyendo ruidos extremados los creas más que a claros sonidos de la lengua. Y donde el pensar este presto de las demás cosas ninguna creas; vuelve la espalda a la fe de los miembros; más bien piensa que es, en cada cosa, lo manifiesto.