Aún los que se bañan en los mismos ríos, se bañan en diversas aguas. Y, cual vapores, se levantan de lo húmedo las almas. (1)
Una vez que nacieron, quieren vivir y tener su destino mortal, antes que hallar el reposo. Y dejan tras sí hijos para que tengan otros destinos mortales.
La muchedumbre no medita sobre nada de lo que le ocurre, y aun si se le enseña no comprende: imagina comprender.
Hay un solo favor que los mejores prefieren a los otros: la gloria inmortal en vez de la perecedera. Pero a la muchedumbre le basta con saciarse como animales.
No hay más que una sola sabiduría: conocer la Razón que timonea el universo a través del universo.
Es necesario apagar la ira con más rapidez que un incendio.
Ellos no comprenden como los contrarios se funden en la unidad: armonía de tensiones opuestas como la del arco y la lira.
Uno son el bien y el mal. Los médicos, por ejemplo, que cortan y queman por todas partes a los enfermos, que los atormentan cruelmente, les reclaman honorarios que no reciben con justicia, ya que la virtud de sus remedios actúa tan dolorosamente como la enfermedad.
Dios es día y noche, invierno y verano, guerra y paz, saciedad y hambre. Cambia de forma en forma tal como el fuego mezclado con perfumes toma su nombre según el gusto de cada uno de ellos.
Es fatiga y sufrimiento servir a amos que no cambian.
El tonto suele dejarse asombrar por cualquier palabra.
Es mejor ocultar nuestra ignorancia, pero es difícil hacerlo en el ocio y junto al vino.
El carácter del hombre es su destino.
Los honores esclavizan a los dioses y a los hombres.
Las almas caídas en combate son más puras que las abatidas por la enfermedad.
Traducción de Juan David García Bacca. (1)
Versiones de Raúl Gustavo Aguirre