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Atmósfera
Revista de Poesía
N° 3 - Buenos Aires
Enero 2008

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Leandro Selén. Centemorias de un hidalgo buscador de entreveros sanguíneos. Poeta argentino contemporáneo. Revista atmósfera. N° 3. Buenos Aires, diciembre 2007.

leandro selén

Centemorias de un hidalgo buscador de entreveros sanguíneos

Podía verlas entrar como yeguas desbocadas lenguas desorbitadas a la rastra con mi cuerpo despedazado y enfermo chorreando lo despojado

Alzadas con ansiedad lanzando vendetta baba lágrimas en la cara desencajadas siluetas almas chuecas encrespadas resbaladizas en odio

En esos rostros oprobios todo el dolor del mundo era siquiera un rasguño comparado a su martirio

El asunto les duró lo poco de un pestañeo y en mí resultó lo mucho de un sermón dominical

Una vez visto el lugar sin mirarse unas a otras me arrojaron desplumado con amable repugnancia y apenas sentí la tierra una lluvia de zapatos tapizó mi cielo.

Ahora aquí me figuro en variadas dimensiones todas ellas desalmadas rúbricas de temporadas en mi cuerpo perdurado cárcel luenga de mi hartazgo.

Mentalmente visitando allende mis estertores esponjosos corredores donde hace siglos sentí el miedo a perder del todo que por instantes amé.

Siento el sutil blandir sus dedos en mis espaldas tipeando ritmo mortuorio abandono, no retorno.

Bajo un temblor de arena tacos machacando a gritos aúllan yeguas desbocadas en catarsis exorcismo

Conservo un loco sigilo que perfora cada quicio de mi escarmentado cuerpo perenne inerte pero sediento de prolongar un ápice su muerte

En madrugadas costeras en silencio roto de olas sombras solas llantos de fin de fiesta bruma desoladora calles empañadas desiertas

Llanto detrás de un árbol el abandono y su huella una mujer deshojada todavía esbelta acepta consuelo ajeno y se deja llevar a cuestas

Se deja besar y cumple atendiendo a mi deseo saldando mi incipiente sed impúber de veneración

Complace todo un verano mis caprichos harto impunes hasta embriagarme de gusto pero mi levedad gotea

Detrás del puesto de frutas de la feria costanera unos ojos terracota claman consuelo a mi otoñal alma que se desabrocha y acepta

Pasaron los ojos terracota pasó el otoño enarenado pasaron otoños y veranos y otros ojos enfundados esperaron mi llegada desahogaron en mi lecho

Pasaron las sietemesinas las docentes, las lagartas las enfermeras romanas las diabéticas cultivas las ostras laceradas condescendientes ilotas

Un vendaval de faldas pasó un soplo de puntillas un rosario de doncellas todas puestas de rodillas

Adoraron mi lujuria cediendo a mis fantasías primero fueron las prendas después los tacos, las ligas

Tachas, tajos y mordidas sangre cabernet sosiega lágrimas en lengua ajena sed indomable agota hasta desaguar inextinguible precoz ansiedad

Disfruté de reverencias amables de paladar extasié hasta sublimar un raudal de azul desprecio picante eléctrico y seco aliviando mi fastidio

Sus lágrimas ostenté saboreando con fruición sobre mi boca arenosa un endiablado torrente de sus entrañas amargas arrancado con dulzura

Fascinaba al madurar mi desdén por su terneza nacía aliento animal en mis cavernas sosiegas

Y en raptos de primaveras mi desvelo yugular removía cielo y tierra afanoso de hemorragia

Entre clamores bordó agoté ultrajes venéreos probé hasta magnetizar sobrado de mascarada la afable ductilidad de sus almas renunciadas

Llegó una tarde lluviosa como presagio maldito yo que siempre descreí de designios y señales sumé una nueva invitada a mi banquete de turno.

Sin saber que mi elegida sería mi carnicera me eché encima sin resguardo con la prestancia rutina de mis rituales señeros

Pero al asir de su boca mordí el vidrio de su lengua sentí en mis ojos brotar una lluvia de cuchillos

Penetraban mis entrañas sin resistencia cortaban y en mi delirio novato bailaba ajeno el dolor

Sus caprichos fueron norma me aficioné a su desdén a su histeria rendí culto me hice amante de su ultraje y su desprecio adoré irreversible y manso

En mi cúspide extasiada de inagotable embriaguez una centella del aire inmaculada crueldad quebró en astillas mi alma con amable salvajismo

La conocí al regresar de uno de mis funerales dejé que me arrebatara su preciosa incandescencia fue su dulce crepitar su intelectual relato

Mis pupilas hizo arder al compás de su capricho caí presa del delirio no supe mi identidad

Perdido en fascinación sordo de socorrerme enredado maquinal ciego de su guadaña

Y a punto de mi deleite hizo centro su perfidia hundióme sin resistencia en espirales prosaicos naufragado quedé en trance descampado

Inerte y afiebrado ecos de fin de fiesta desbarrancado calvario circulan vacuos recuerdos ruedan en la pantalla de mi cerebro ambulante

Zozobrado en el sillón pegajoso cuerpo helado cárcel de siglos cansa al corazón no contiene su latir desesperado que agrieta el pecho fané

Noqueado por un soplido escucho furia extramuros un humo oscuro me baña paredes anochecidas

Bocanada de aire pasa por la puerta y detrás de ella cientos de yeguas picadas lanzan tirrias maldiciones

Asaltan mi cárcel vetusta escupen su rabia añeja sobre este saco cansado conformándose al destino relampaguean las yeguas y me llevan a la rastra tupacamarizado

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