La década es la verdadera esencia del número. Todos, griegos y bárbaros por igual, cuentan hasta diez y luego de llegar a él, vuelven a la unidad. Y aún sostiene Pitágoras que el poder del número diez yace en la tétrada. La razón es esta: si se comienza por la unidad y se le añaden los números sucesivos hasta cuatro, se completa el número diez; si se excede la tétrada, también se excede la década. Si se toma la unidad, se le añaden dos, luego tres y cuatro, se llega al número diez. De modo que el número formado por la unidad reside en la década, pero potencialmente en el cuatro. Y así, los pitagóricos solían invocar la tetractis como el juramento más exigente: “más aun, por aquel que dio a nuestra alma la tetractis, origen y raíz de la eterna naturaleza”.
El cuadrado de la hipotenusa de un triángulo recto es igual a la suma de los cuadrados de los catetos... si escuchamos a los que gustan relatar la vieja historia, podemos quizás hallar a algunos de ellos que se refieran a este teorema de Pitágoras y afirmar que él sacrificó un buey en honor de su descubrimiento.