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Atmósfera
Revista de Poesía
N° 3 - Buenos Aires
Enero 2008

Relaciones

Los presocráticos gustaron de las tibias mañanas de sol griego.
Próximos a la espiritualidad de los antiguos egipcios, y a las religiones tántricas de la India, cuya concepción de la vida (que se manifiesta a través del movimiento) es dinámica a partir de la atracción de los opuestos, que tiene características magnéticas y se la llama devoción. La red que forman estos espíritus, siempre son órganos de un cuerpo superior. Una supermente creada por luz muy poderosa.
De los egipcios tomaron la idea de un solo dios (el fin último) y varios semidioses que representaban diferentes aspectos de la naturaleza, como también espíritus lumínicos, deidades como las manías y las musas.
 
Los presocráticos también tejieron sus redes.
Algunos, como Heráclito, buscaron la textura a partir de sentencias oscuras de tinte, que con claridad eran captadas por hechiceras de inmensos ojos que se manifestaban a través de oráculos.
Poetas, como Jenófanes, Empédocles, Parménides... recitando bajo el influjo sideral de Orfeo y su lira perfecta.
Noches despejadas de luna llena, aire embriagador, una hoguera que ilumina la barba de Tales, el Milesio. El agua es el principio original de todas las cosas. Donde el espíritu abreva para poder moverse.
En tanto, Demócrito desmenuza los átomos de un pan, iluminado por el mismo fuego. Que a esta altura, pasa a ser el centro de la cuestión. Canta Empédocles, sus loas al racimo divino, de tierra, agua, éter y fuego. Flores de las que surgieron todas las cosas. Que en Amistad se unen, y se separan en Discordia. Flujo y reflujo de los mares, desde el frío hacia el calor, desde fuera hacia el centro y viceversa.

Jamás podremos olvidar este banquete, bajo la luna y cerca del fuego. Bienvenidos otra vez.

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