rodolfo edwards
El tamaño de la angustia
me siento espantosamente bien la noche es larga como una regla de treinta centímetros pero yo no puedo medir el tamaño de mi angustia es más grande que yo y cabe en mí sin embargo me escarba el corazón con sus escalpelos me pudre las venas con sus venenos hasta que de una forma brutal y ordinaria me aplasta de un zapatazo
La orden es volver
a la calle Corrientesla orden es: volver a la calle Corrientes a disfrutar de nuestra última primavera el tiempo arranca con mano severa las hojas de los árboles los discos de Pink Floyd las famas de los actores municipales la orden es: volver a lo mismo a lo que nos quitaron al tobogán en su declive exacto a los parques como planetas a la copa llena germinando en las muecas del destino ¡que nunca se muera la luna! ella alumbra con sus focos todas nuestras apariciones en el centro de la ciudad el grito sagrado de los compañeros tapando el canto porcino de los canallas cuando nos marquen la última cruz de nuestros corazones averiados todo volverá al principio un niño inquieto gritará ¡tierra! desde la ventanita del Obelisco
La dueña de mis nadas
y nuevamente un escozor te recorre la espina y la corcoval esencia del martirio y nuevamente posan las caras en estaciones olvidadas y vuelve el amor frente a una ventana y el sol contra los vidrios y estallan los corazones germinando las demoras y escalan las alturas los sonámbulos en sombras -es la romántica renga de los excluidos- me enanco a las horas donde tan cerca estuvimos sos la dueña de todas mis nadas
La victoria
se nos viene la noche y en la noche ¡venceremos!
Ajedrez
hablo de vos con varias personas a la vez como en partidas simultáneas de ajedrez
La decisión rápida
me aprendo de memoria la forma de tus dedos y no hay caso: todas las canciones que pasan en la radio hablan de vos en el discman me suena un cantante que a cada rato repite tu nombre Noelia Noelia Noelia -justo te venís a llamar Noelia-
Mi máquina de imágenes
apenas rozo tus pestañas arranca mi máquina de imágenes y la distancia es un horno donde se asan mis palabras que van a dar a opacas bandejas y caigo en baches absolutamente imaginarios pero me salgo y me levanto y de pie y frente a ti me jalo tu perfume con inéditas narinas y me voy donde no estabas
El subte “A”
(Plaza mayor / Primera junta)
esa señora que muerde tristemente su galletita y encima en el andén te meten esa maldita música melancólica te hacen sentir un personaje de película alemana de posguerra estoy encerrado en un ropero lleno de trajes con las personas puestas
Hacer el amor
quiero hacerte el amor escuchando la cara B de Abbey Road en el lago azul de Ypacaraí todo el lecho del lago y nuestro salto mortal entre millones de litros de cielo
Como sal efervescente
a Darío Rojo
buscando comprar un caleidoscopio en algún lugar de la ciudad inmensa la vida se diluye como sal efervescente en medio vaso de agua