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Atmósfera
Revista de Poesía
N° 3 - Buenos Aires
Enero 2008

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Revista de Poesía Atmosfera N°3. Dossier Horacio Castillo. Poesía argentina. Poesía platense. Reportaje. Poemas. Traducciones por Horacio Castillo. Bibliografía. Video. Editores: Juan Desiderio y José Villa. Diseño: Carolina Cosentino.

Dossier: Horacio Castillo

Foto de Horacio Castillo

Poeta, traductor del griego moderno, ensayista, Horacio Castillo nació en 1934 en Ensenada y vive en la ciudad de La Plata, hacia donde fuimos a entrevistarlo. Su obra poética, esencial para la poesía contemporánea, consiste en los libros Descripción (1971), Materia acre (1974), Tuerto rey (1982), Alaska (1993), Los gatos de la acrópolis (1998), La casa del ahorcado / Obra poética 1974-1999 (1999), Cendra (2000), Música de la víctima (2003), Mandala (2005) y Por un poco más de luz / Obra poética 1974-2005 (2005). Algunas de sus traducciones del griego se reúnen en los siguientes libros: Epigramas de Calímaco (1999), Poemas, de Odysseas Elytis (1982), María la nube, de Odysseas Elytis, en colaboración con Nina Anghelidis (1986), Romiosini y otros poemas, de Yanis Ritsos (1988) y Seis poetas griegos: Kavafis, Seferis, Ritsos, Elytis, Vretakos, Vartvitsiotis (2000).

De su obra crítica o ensayística baste con mencionar el estudio preliminar del volumen Páginas de Alberto Girri seleccionadas por el autor (1983) y Sarmiento poeta (2007). También es miembro de número de la Academia Argentina de Letras y correspondiente de la Real Academia Española. A modo de presentación, en este preciso instante recordamos de Horacio Castillo estas bellas palabras: “Cada hombre, cada creador, cada nación, cada época, experimentan en su propio corazón el mito de Fausto: la juventud o la inmortalidad, la tierra o el cielo, la ley del día o la pasión de la noche. Esta dicotomía, dramática en sí misma, asume características angustiosas en las postrimerías. Cuando muere una edad, cuando concluye una cultura, cuando se extingue una civilización, ese antagonismo alcanza su mayor intensidad. La conciencia del caer, la esperanza de renacer, someten al espíritu a su máxima tensión, lo llevan ‘al supremo grado de individuación del ser doliente’. Y mientras una fuerza centrípeta grita: ‘Viva la fugacidad’, una fuerza centrípeta replica: ‘Viva lo eterno’”.

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