Atmósfera

Revista de Poesía
N°4 - Buenos Aires
Junio 2009

Fragmentos de filosofia estoica. Estoicos. Filosofia griega. Filosofia antigua. Revista de poesia Atmosfera, Buenos Aires, numero 4.
Filósofos estoicos. Fragmentos de filósofos estoicos. Séneca, Marco Aurelio, Epicteto. Revista de poesía Atmósfera, nĂºmero 4, 2009.

Bibliografía estoica

Séneca

El temor

Los temores son, si no me equivoco, de tres clases. Tememos la escasez, las enfermedades y los males que causa la violencia del más poderoso. De estas tres ninguna nos impresiona tanto como la amenaza del poderío ajeno, ya que se presenta con gran estrépito y tumulto. Los infortunios naturales que he mencionado, la escasez y la enfermedad, penetran en silencio, ni a los ojos ni a los oídos infunden terror alguno: el aparato que despliega la otra calamidad es enorme; lleva en su cortejo el hierro y las llamas, y las cadenas y una multitud de fieras que soltar, ávidas de las entrañas de los hombres.

La ira

Las restantes pasiones admiten demora y pueden remediarse más tarde. Pero la violencia de esta pura exaltación que se enardece a sí misma no avanza paulatinamente, sino que se da completa en el mismo arranque, y no altera el espíritu, según es habitual en otros vicios, sino que lo desquicia y lo remueve cuando ya es incapaz de dominarse, y ansía incluso el mal colectivo. No sólo se enfurece contra lo previsto, sino contra lo que sale al paso.

Intenciones virtuosas

Cuando la naturaleza reclame mi espíritu o mi razón lo despida, daré testimonio de haber amado la conciencia recta y las buenas inclinaciones, sin haber mermado la libertad de nadie, y menos la mía. Quien propone esto y lo intenta, se encamina hacia los dioses y, aunque no lo logre, se dirá: “Cayó víctima de una gran audacia”.

La maldad

Se compite en un inmenso certamen de maldad. De día en día es mayor el afán por pecar, menor la vergüenza; desterrado el respeto a lo mejor y más justo, el capricho se lanza a donde le parece, y los crímenes ya no se ocultan, se muestran a la vista. La maldad se presenta públicamente y se hace tan fuerte en el interior de todos que la inocencia, más que escasa, es inexistente.

Zapping

Quien tema a la muerte, no hará nunca nada por un hombre vivo, pero quien sepa que este hecho estaba pactado en el mismo momento en que fue concebido, vivirá según la ley de la naturaleza, y, a su vez, con la misma fortaleza de espíritu, se mantendrá firme para que ninguna cosa que le suceda sea inesperada.

Que no se apodere de nosotros la inconstancia, vicio en extremo enemigo de la serenidad.

En tus males conviene que te conduzcas de tal modo que des al dolor sólo cuanto la naturaleza ordene, no cuanto ordene la costumbre.

Ante todas las cosas es necesario evaluarse a uno mismo, porque las más veces nos parece que podemos más de lo que en verdad podemos.

Los patrimonios, causa máxima de las aflicciones humanas.

El mayor impedimento para vivir es la espera, porque dependiendo del mañana se pierde el hoy.

Hay que pensar cuánto más leve sea el dolor de no tener que el de perder, y comprenderemos que a la pobreza le corresponde un tormento menor en cuanto es menor la posibilidad de mermar.  

 

Marco Aurelio

De la elección

Si en el transcurso de la vida humana encuentras un bien superior a la justicia, a la verdad, a la moderación, a la valentía y, en suma, a tu inteligencia que se basta a sí misma, en aquellas cosas en las que te facilita actuar de acuerdo con la recta razón, y de acuerdo con el destino en las cosas repartidas sin elección previa; si percibes, digo, un bien de más valía que ese, vuélvete hacia él con toda el alma y disfruta del bien supremo que descubras. Pero si nada mejor aparece que la propia divinidad que en ti habita, que ha sometido a su dominio los instintos particulares, que vigila las ideas y que, como decía Sócrates, se ha desprendido de las pasiones sensuales, que se ha sometido a la autoridad de los dioses y que preferentemente se preocupa de los hombres; si encuentras todo lo demás más pequeño y vil, no cedas terreno a ninguna otra cosa, porque una vez arrastrado e inclinado hacia ella, ya no serás capaz de estimar preferentemente y de continuo aquel bien que te es propio y te pertenece. Porque no es lícito oponer al bien de la razón y de la convivencia otro bien de distinto género, como, por ejemplo, el elogio de la muchedumbre, cargos públicos, riqueza o disfrute de placeres. Todas esas cosas, aunque parezcan momentáneamente armonizar con nuestra naturaleza, de pronto se imponen y nos desvían. Por tanto, reitero, elige sencilla y libremente lo mejor y persevera en ello. «Pero lo mejor es lo conveniente.» Si lo es para ti, en tanto que ser racional, obsérvalo. Pero si lo es para la parte animal, manifiéstalo y conserva tu juicio sin orgullo. Trata sólo de hacer tu examen de un modo seguro.

Retiro

Se buscan retiros en el campo, en la costa y en el monte. Tú también sueles anhelar tales retiros. Pero todo eso es de lo más vulgar, porque puedes, en el momento que te apetezca, retirarte en ti mismo. En ninguna parte un hombre se retira con mayor tranquilidad y más calma que en su propia alma; sobre todo aquel que posee en su interior tales bienes, que si se inclina hacia ellos, de inmediato consigue una tranquilidad total. Y denomino tranquilidad única y exclusivamente al buen orden. Concédete, pues, sin pausa, este retiro y recupérate. Sean breves y elementales los principios que, tan pronto los hayas localizado, te bastarán para recluirte en toda tu alma y para enviarte de nuevo, sin enojo, a aquellas cosas de la vida ante las que te retiras. Porque, ¿contra quién te enojas? ¿Contra la ruindad de los hombres? Reconsidera este juicio: los seres racionales han nacido el uno para el otro, la tolerancia es parte de la justicia, sus errores son involuntarios. Reconsidera también cuántos, declarados ya enemigos, sospechosos u odiosos, atravesados por la lanza, están tendidos, reducidos a ceniza. Modérate de una vez. Pero, ¿estás molesto por el lote que se te asignó? Rememora la disyuntiva «o una providencia o átomos», y gracias a cuántas pruebas se ha demostrado que el mundo es como una ciudad. Pero, ¿te apresarán todavía las cosas corporales? Date cuenta de que el pensamiento no se mezcla con el hálito vital que se mueve suave o violentamente, una vez que se ha recuperado y ha comprendido su peculiar poder, y finalmente ten presente cuanto has oído y aceptado respecto al pesar y al placer. ¿Acaso te arrastrará la vanagloria? Dirige tu mirada a la prontitud con que se olvida todo y al abismo del tiempo infinito por ambos lados, a la vaciedad del eco, a la versatilidad e irreflexión de los que dan la impresión de elogiarte, a la angostura del lugar en que se circunscribe la gloria. Porque la tierra entera es un punto y de ella, ¿cuánto ocupa el rinconcillo que habitamos? Y allí, ¿cuántos y qué clase de hombres te elogiarán? Te resta, pues, tenlo presente, el refugio que se halla en este diminuto campo de ti mismo. Y por encima de todo, no te atormentes ni te esfuerces en demasía; antes bien, sé hombre libre y mira las cosas como varón, como hombre, como ciudadano, como ser mortal. Y entre las máximas que tendrás a mano y hacia las que te inclinarás, figuren estas dos: una, que las cosas no alcanzan al alma, sino que se encuentran fuera, desprovistas de temblor, y las turbaciones surgen de la única opinión interior. Y la segunda, que todas esas cosas que estás viendo, pronto se transformarán y ya no existirán. Piensa también constantemente de cuántas transformaciones has sido ya por casualidad testigo. «El mundo, alteración; la vida, opinión».

 

Epicteto

Desear

Recuerda pues que: el objeto de tus deseos, es obtener lo que tú deseas, lo que anhelas; tu no te lamentarás de nadie; no acusarás a nadie, no harás nada, ni siquiera la cosa más pequeña, sin que corresponda a tu deseo; entonces, nadie te hará mal, y no tendrás enemigos, pues nada que no desees te motivará.

Y que, el objeto de tus temores, es evitar lo que temes. Quien no logra lo que desea es

desafortunado, y quien cae en lo que teme es miserable. Si no rechazas sino lo que no

corresponde a tu verdadero bien, y que depende sólo de ti, entonces nunca caerás en lo que no deseas. En cambio si te empeñas en huir de lo que temes, como la muerte, la enfermedad, la pobreza, serás miserable.

Si tal ha sido tu elección, conduce entonces tus miedos, y pásalos de las cosas que no

dependen de nosotros, a las que sí dependen; y, en cuanto a los deseos, suprímelos

enteramente, por el momento. Pues si tú deseas alguna cosa que no está en nuestro poder, necesariamente, estarás fracasado; y, en cuanto a las cosas que están en nuestro poder, no estás en estado aún de saber cuál es la que deseas. Mientras lo sabes, conténtate por el momento con escucharte y analizar las cosas, pero lentamente, siempre con reservas y sin prisa pero sin pausa.

 

Filosofar

Quieres devenir filósofo. Prepárate desde ahora a ser ridiculizado y persuádete de que las gentes ordinarias quieren de ti burlarse y decirte: “!De un día para otro se volvió filósofo. ¿De dónde acá tanta arrogancia?!”. Desde ti, que no haya soberbia; pero ataréate fuertemente en las máximas que mejores te hayan parecido y las más bellas. Y recuerda que, si perseveras en tus propósitos, aquellos que en principio se burlaron de ti, enseguida te aceptarán; mientras que si cedes a sus insultos, serás doblemente burlado.

 

El Banquete

Recuerda que debes conducirte en la vida como en un banquete. ¿Un plato ha llegado hasta ti?

Extiende tu mano sin ambición, tómalo con modestia. ¿Se aleja? No lo retengas. ¿No ha llegado aún? No lances desde lejos tu deseo, sino que espera a que el plato esté a tu lado. Pórtate así con los amigos, con una mujer, con los cargos y las dignidades, con las riquezas, y serás digno de ser admitido en la mesa de los dioses. Y si sólo tomas lo que se te ofrece, y sabes contentarte con lo poco que es necesario sin ceder a la envidia, entonces no sólo serás convidado por los dioses sino su igual, y reinarás con ellos. Fue trabajando así que Diógenes, Heráclito y algunos otros merecieron ser llamados hombres de dios, como en efecto eran.

 

Mujeres

Al cumplir los catorce, las mujeres son llamadas, por sus maridos, señoras. Ellas entonces, viendo en ello, que no se les considera sino para el placer que ellas procuran, no sueñan otra cosa que cargarse de artificios y adornos, poniendo sus esperanzas en baratijas. Nada es más útil y necesario que aplicarse en hacerse entender que no se les honrará y no se les respetará sino por su sabiduría, pudor y modestia.

 

El cuerpo

Un signo cierto de un espíritu incapaz, es el de ocuparse mucho tiempo en el cuidado del cuerpo, así mismo como en el ejercicio, la bebida, el comer y en otras necesidades corporales. Estas cosas no deben ser lo principal, sino lo accesorio de nuestra vida, y es preciso hacerlas como al pasar: toda nuestra aplicación y nuestra atención debe estar puesta en las cosas de nuestro pensamiento.

 

Ostentar

Si te has acostumbrado a llevar una vida sencilla y a dominar tu cuerpo, no te envanezcas por ello, y, si no bebes sino agua, no andes diciendo a cada momento que tu no bebes sino agua. Si quieres ejercitar la paciencia y la tolerancia, hazlo por y para ti y no por y para los otros; no muestres tu devoción, y en la sed más ardiente, toma el agua en tu boca, tírala, y no le digas a nadie.

 

Filosofía

La primera y más importante parte de la filosofía es la que trata de la práctica de los preceptos; por ejemplo: No mentir.

La segunda, es la que hace las demostraciones: Por qué es preciso no mentir.

La tercera; es la que prueba tales demostraciones, explicando con precisión: ¿En qué consiste una demostración? ¿Qué es en efecto, demostración, ¿Qué, consecuencia?, ¿Qué, oposición?, ¿Qué, verdadero?, ¿Qué, falso?

Esta tercera parte es necesaria para la segunda, y la segunda para la primera; pero la más necesaria de todas, y en la que es preciso detenerse y quedarse es en la primera.

De ordinario, invertimos tal orden; nos detenemos enteramente en la tercera, todo nuestro trabajo, todo nuestro estudio, es para la tercera, en la prueba, y descuidamos absolutamente la primera, que es el uso y la práctica. Así pues, mentimos, pero al punto demostramos que no hay que mentir.

 

La pobreza

¿Qué mendigo has visto que no fuera viejo? ¿Y cual que no fuera muy viejo? Tiritando noche y día, tirados por el suelo y alimentándose justo con lo necesario, llegan casi a no poder morir, mientras que tú, hombre sin tacha física, con pies y manos, ¿tanto miedo tienes al hambre? ¿No puedes sacar agua, escribir, ser pedagogo, guardar la puerta ajena? No temes al hambre, sino no tener cocinero, no tener quien te haga la compra, quien te calce, quien te vista, quien te de masaje. Eso te aterra: no poder llevar una vida de enfermo.