Atmósfera

Revista de Poesía
N°4 - Buenos Aires
Junio 2009

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Antología de poesía latinoamericana. Siglo XXI. Contiene textos enviados por amigos lectores desde diversos puntos de esta zona del planeta tierra. Revista Atmósfera Nº 4. Buenos Aires, junio 2009.

Antología de lectores

Carlos Ernesto García

El descanso del guerrero

Harto de todas las batallas el guerrero tomó su espada que hundió en la arena y pensó: Este es un buen lugar para la muerte. Indiferente cayó la tarde. Nadie preguntó por el guerrero. A nadie importó el lugar escogido para el descanso. Una tormenta de arena se encargó de sepultarlo. Abono no fue para la tierra sino pasto para el desierto.

La sombra

a M. I. V. Desde una esquina me sonríe una sombra de cuchillos afilados. La misma que esta noche tocó a mis ojos trayendo en sus manos un puñado de flores muertas.

En las faldas del volcán

a Alfonso Hernández Mientras el viento anuncia esa forma de sepultar madrugadas que engendra en su interior la noche una piel sumergida entre la vegetación busca su último refugio en la tierra.

Homenaje

El invierno en Budapest tiene un gris añejo El Danubio como chuchillo atraviesa el cuerpo de esta ciudad que vio mil guerras. Así lo atestigua el monumento a los pescadores que recibieron de Turquía sus flechas. Desde ahí la imaginación es capaz de cabalgar sobre los siglos. Si visitas Budapest en invierno sentirás su sabor a luto su sabor a sangre que tiene la tarde

Miguel de Asén

Rebelión en papel

Vencer, fundamental rebelión, Crecer en la mental convicción De un destino acrisolado por poesía, Espino enarbolado que en mi había, Pues sentir era espina punzante, Ves huir, sincera medicina, lo errante, Voluntad de evasión, fantasía, Libertad de razón a fe mía. Un papel es refugio del alma, De oropel subterfugio, con calma, Evento de armonía que me encadena, En su movimiento sentía acrisolar mi pena. Celulosa, porte de tinta engalanada, Fabulosa cohorte no extinta de un hada. Emerger, textos a merced del viento, Trascender, pretextos del sentimiento.

Francisco Rodríguez

El sol nace y desaparece

El otro día iba con mi coche por la ciudad y vi algo, una monja de unos 55 años iba perfectamente vestidita de blanco clásica y caminaba con paso rápido, la cara era como su vestido, pálido es una calle larga.. pensé en sus bragas, si serian rojas con ligueros, como coño compraran la ropa interior, si lleva tanga, o si simplemente las compra su jefa o se las pasan unas a otras tras morir y las heredan   después pensé que si las lavaban, que si se balanceaban al sol en alguna parte, aireándose y secándose, si en tiempos atrás usaría compresas, quien coño se las compra y cosas así................   de repente miró hacia la izquierda   otra moja de uso 70 años totalmente vestida de negro con el vestido clásico de la muerte con ese gorrito que impresiona, como la otra pero está de negro y vuelvo a pensar si la primera corre para que la segunda no la mate, qué significado llevan los colores?? quizás esta vista de negro porque se acerca más a la muerte y pretenda ser su amiga su rostro era alegre como si quisiese alcanzar a la primera para morderla y destrozarla flagelarla, romperle los huesos, sacarle los ojos........... y mientras las otras hacen sabrosos dulces en los conventos, no pensé si esta llevaba bragas, porque estaba seguro que nos las llevaría. el semáforo se pone en verde las dos parecen fichas de ajedrez la negra me mira, le saco el dedo, me mira con cara de odio, subo la radio, me río y pienso que el semáforo ha tardado lo justo.

Pedro Echarren

Rasgos primitivos

¿Qué parte de mi se escapó en ese valle de lágrimas por esos submundos modernos que van alejados de todo? Pies de cemento Adán en la hora justa en que se le desconecta el cable Eva cruza el puente. Ruidos sagrados sonando ahora estridentes en el corazón vegetal alarma que rompe la mente. Luces y mas luces Ven al hombre desnudo Ya no animal Ya no humano… Eva cruza el puente Y rompe su costilla Lo demás queda así Recostado en los hombros de la nada

Mario Meléndez

Sinfonía negra

¿Eva colgaba sus muertos de la ventana para que el aire lamiera los rostros preñados de cicatrices Ella miraba esos rostros y sonreía mientras el viento empujaba sus senos hacia la noche agusanada Una orgía de aromas sacudía el silencio donde ella se deseaba a sí misma y entre suspiros y adioses un grillo ciego desmalezaba sus antiguos violines Nadie se acercaba a Eva cuando daba de mamar a sus muertos la cólera y el frío se disputaban su adolescencia el orgasmo daba paso al horror el deseo a la sangre y pequeñas criaturas violentas despegaban de su vientre poblando los amaneceres de luto y de pesadillas Luego cuando todo quedaba en calma y las sombras por fin regresaban a su origen Eva guardaba sus muertos besándolos en la boca y dormía desnuda sobre ellos hasta la próxima luna llena

Apuntes para una leyenda

Una mujer está parada sobre un puente que no existió jamás Su piel que jamás fue besada flota sobre las aguas del tiempo como un recuerdo sin rostro Una carta que jamás fue leída lucha por alcanzar la orilla para que alguien la descubra Un hombre que jamás ha leído que no sabe leer que no aprendió jamás halla la carta y el cuerpo debajo de ese puente El hombre llora de impotencia mientras la carta se deshace entre sus dedos El río que está lleno de lágrimas se apiada de aquel hombre y le revela el secreto de esa carta Y el hombre loco de amor junta sus noches y delirios para arrojarse de ese puente que no existió jamás

Miguel Martínez

Madrugada

Todos en el final. Llegamos en buses, otros de la mano, a gritos algunos, y unos pocos sin palabras. Una madre con flores daba senales de pisar la tierra, desfilaba con un hijo en un brazo y nada en el otro brazo. –alguna vez estuve– dijo alguno- en el desierto del oeste, en el embarcadero de allá, en un puerto de acá, con una orquesta. En tanto la noche no callaba nunca y una bestia dormía, ya húmeda, a caballo (porque ya no era sueño de nadie) y un abejorro le tomaba el pelo. Todos se inclinaron por el recuerdo, por el vino en el paladar, la comida caliente, la mujer, la misma, el hombre, mi querido. Unos seres volvieron a nosotros, nos tomaron del pecho para saber si estábamos locos, nos revisaron los dientes. Yo preguntaba por mis muertos, y no hallé más que una canción de cuna. -ey, yo tambien soy argentino –dijo un argentino– argentino argentino, y hay que vivir con esta mala, con esta mala, con esta mala suerte mala salud la reputisimamadre. Caminaba un idiota de madrugada pidiendo cigarrilos y porros y molestaba y molestaba en la garganta de los amigos del museo. Tomamos café en el velorio de un señor asesinado en el noticiero de canal 7, y por la mañana apareció Helen en brazos de Juan Gelman o de cualquier otro hombre (en brazos de Juan Gelman si sus pechos crecían, en brazos de cualquier otro hombre si sola oscura no sabe nada nada sino callar o deshacerse) Nadie dijo palabra (todos alguna vez hicieron el amor sin pavura sin dar con su paradero, en un oscuro país que no tiene nombre) Con los pulmones crecidos (no en el agua no en la tierra) el marido de una mujer lloraba con a.dvertencia: qué calamidad qué calamidad detrás de cada madrugón se esconde un títere, detrás de cada año se esconden miles de niños con desnutrición y moscas.

Javier Zamudio

Hölderlin

a Mauricio Lejos a siglos de diferencia su inteligencia demostraba cuanto tarda un sabio en hallar su paraíso.

Fantasmas

Los fantasmas que me habitan son de todas las épocas el resultado de todas las edades miles de voces que cantan. Los fantasmas que me habitan padecen de altos grados de locura y están entrenados para perversas tareas. Provienen de una tierra sin nombre y huyen sin descanso hacia un mundo que no existe. Los fantasmas que me habitan me obligan a levantar el teléfono por horas a caminar siglos en silencio a llorar encerrado entre las piedras. No me dejan hablar con las sombras me alejan de dios y del diablo me sientan en un peñasco a mirar el mar golpearse con las nubes. Los fantasmas que me habitan se resguardan como soldados por entre la sangre que me recorre ¡Cuánto miedo, cuánta tristeza es ser su isla, su patria, su búnker! Los fantasmas que me habitan no saben lo que la muerte le hace al cuerpo, ni lo que la luz del sol le hace a la sangre No han visto el amanecer aún ni han sentido el golpe de las piedras en la planta del pie.

(N/N)

A mamá la hubiera amado si me lo hubiera permitido el destino Fue culpa de dios que todo lo promete Fue culpa de mi padre y de su padre y del padre de su padre Fue culpa del café de los cigarrillos, del vino A mi mamá la hubiera amado si se hubiera perdido mi cometa enredada su piola en los crespos del sol la habría amado si no hubieran subido los impuestos Si no se hubiera puesto tan triste Si no hubiera sido tan niña La habría amado ignorando su soledad su intangibilidad y su muerte si sólo me hubiera abrazado sin temor y sin vergüenza La habría amado sin recordar sin faltas desde esta noche sin regreso A mamá la hubiera amado más como un niño, un cómplice o un amigo, pero no como un hijo: un amor ciego y doloroso frío, apesadumbrado como esta mesa en la que escribo A mamá la hubiera amado si hubiera escrito poemas en véz de soñar con escribirlos.