Atmósfera

Revista de Poesía
N°4 - Buenos Aires
Junio 2009

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Gabriela Bejerman. Poeta y performer argentina. Selección de poemas. Revista Atmósfera Nº 4. Buenos Aires, 2009.

Gabriela Bejerman

Venado herido

En un azul espeso se pierde el hotel de un solo cuarto, donde desesperamos
y desaparecemos
La sombra del abrazo resplandece una vez más, morada y líquida
Llena las vías vacías entre lazos verde oscuridad y árboles delicadamente inquietos ante
el abismo del anochecer
Inmensa caída, frágil lentitud hacia la nada adormecida, paso, pausa, paso...
Brilla el pájaro de la noche en tu espalda cristalina, puedo acariciarla en sueños, lamer 
la letal cocaína derramada
En una flor jamás moribunda, pétalos erectos hacia la hermética fronda
Dobla en tu fauce un regusto, la lengua de sorella, una medalla caída sobre tu sien
celeste
La nieve duele un poco más, beso dulce que sangra, herido venado de rosadas venas
Sangra, hasta la última hora del día florecen perfumados velos de diamante negro
Y al río se alejan resonantes las campanillas que antes te guiaban en la noche cargada de
caballos en racimos agotados

Pasos silenciosos

Los pasos del silencioso resuenan para mí en una página en blanco
Una buena acción es perderse para el mundo
En pequeñas nubes, follaje de árboles crepusculares
Bajo la tajada luna amarilla, salientes estelas del día
La espera no consciente de una luz que vendrá
Toda liberación canta alivianándose hacia el espacio
Tilos, araucarias, paraísos, abedules, son estrellas

Brava magia y hechizos tornan silvestres
Los sabios desenfrenos de la locura presente y fugaz
Gritos de ninfas fosforescentes en la noche negra agradan
A esferas de vidrio, son los ojos de dioses bienaventurados
Deslizando un enorme llanto renaciente

Quietos y silenciosos los pasos del vagabundo borracho al atardecer
En un bosque de nadie, sino árboles que besan, lo besan
Las últimas chispas de esta púrpura felicidad se escurren
En folios de terciopelo, inscripción detenida hacia tu suave tiempo que rasguña

Única palabra

Nadamos sobre el vacío como peces congelados
Nunca hemos tocado nada con nuestras invisibles manos
Estás quieto en la cima del hielo, tus ojos cerrados
Tiendo mi escotado anzuelo hacia tu boca
Pero el agua te arrastra abajo
al fervor de una cascada donde estaríamos mejor
si nos hubiera hecho un dios de piedra, perdedor
era la última palabra que tenía para hacerlo y terminó.

Lu

ese cuento tan cruel que escribiste para vengar tu pasado
¿acaso logró liberarte? cuando lo leías temblabas
nos resultan más familiares los zumbidos y ladridos de animales nerviosos
que las voces humanas
sos tan libre como cualquiera, lo que te carcome: ¿es algo o es nada?
la felicidad será nuestro desafío intelectual
pero somos desconfiados.

Muertos guerreros

Los huesos de este ejército
y la espuma de los enemigos
descansan en lechos de olvidados látigos
al vacío amanecer
el bello fantasma lacrimoso
con su cráneo fosforescente
pasea la pasión esmerilada
su silencioso jadeo hace respirar entre las tropas dormidas

Las naves parten mañana
sin escándalo y sin resurrección
los muertos con los vivos
llevados por el mismo viento, aún nocturno
pareciera añorar el salvamento que humanos
hundidos en falsos tronos color sepia
insisten en destrozar como cáscaras de frutas o animales secos

En la carne latente parpadea
el errado letargo que nos unía al paraíso
derramado
demasiado visitado por el cuero y el crujido de unas botas anudadas
al fuego, al candente martirio atropellado de la guerra

Trapecistas entre botellas vacías

¿Quién habrá fortalecido los pliegues del silencio en la tarde que taja?
Rutas de cobre, caminos ácidos donde erra el yuyo 

Viajo parada en una piedra que el tiempo no puede dañar
Ríe el pájaro
Es mi silencio de perro
fundido en el paisaje

La piedra es el monstruo sin la vida
es la flor de la retama vista por las raíces,
vista por el árbol.

El poeta hace carne con los cerros,
en su antigua voz de piedra
como campamentos va dejando palabras
ocultas entre las rocas calladas 
en la invertida copa de sierras eléctricas
el vigor del relámpago
el grito del relámpago
viaja en su moto por el campo de rayos
el grito de la víbora
el grito del cactus quemado
y flotante en el silencio
el perfume del lechoso atardecer
que un ganso se come rápido
 
La frontera de la tarde se está evaporando
como polvo sobre el lomo de la montaña.

¡Tantas uvas caben en esta boca!
Dulces, diminutas, 
que un muchacho lavó
para mí.

Hollejo y retama.

¿Alguien puede acompañarme mientras balbuceo dormida,
mientras sueño que el tiempo se abre para tragarnos,
que sólo somos trapecistas entre botellas vacías?

Un río de polvo

callado y quieto como la montaña
una escalera rala que marcan las piedras del árbol de piedra
la sufrida estepa
el néctar del atardecer
y un río de piedras
de polvo
callado y quieto como el horizonte
un río de cactus desnudos en la asfaltada niebla que oscurece
montes de lava verde
hojas blancas cayendo en racimos
viñas, baños de viñas con ojos prendidos
y un beso fresco redondo
recolecta los muchos soles del día de fuego
franjas de pulida tierra
bañadas en hondos besos verdes 
a la boca de la montaña
tierra hundida en el corazón del beso
un hueco 
en la tierra seca del manantial que acerca
mojando sus labios, espuma sellada, sus flores de cielo amarillo
las puntas de los árboles 
esperan el roce del cielo rojo
durazno vibra un beso enciende la nieve 
blanda, derretida en agua
el carbón donde muele su beso el dulce de la noche
plena en que lo hondo descose su tela frotada
su viento secreto
hasta la viña madura
en la edad de piedras
del lecho del río
del polvo profundo donde duerme un animal 

La felicidad de los carpinchos

como parte de un pequeño club
los carpinchos forman una familia que aprecia el anochecer

el pequeño carpincho corre, grita y se tira al agua con estrépito

los carpinchos hacen ruidos distintos
cuando no los ves parecen insectos 
o perritos heridos que gimen pidiendo ayuda y amor

un pequeño carpincho se acerca a nosotros
que estamos escondidos en la oscura quietud 
se acerca, se queda en el agua cerca de la orilla
su presencia nos examina y nosotros
examinamos su presencia

la madre está preocupada 
asoma su cabeza contra el brillo del agua
que refleja la última luz celeste
y chilla suave a su cría rebelde

de a poco vienen estrellas y mosquitos

nuestras amigas novias están calladas
se parece su forma de quererse a la nuestra
pero ellas no se pelean
y venden naranjas en córdoba para ganarse la plata de verano
son actrices, son honestas, les gusta mirar carpinchos
 
ahora la madre y las crías se fueron en silencio por el río 
pero un carpincho quedó solo
…creo que es el rebelde
gritos, ruidos desesperados de música electrónica
la mejor música de la naturaleza que yo escuché
buenísima, de alta calidad

me di cuenta pronto, mientras disfrutaba
de que era su desesperación la que hacía 
esa música tan buena, tan aguda
con altibajos emotivos y sonoros

pensé que todo ese batifondo experimental haría regresar a su madre
para enseñarle el camino familiar en busca de pasto que roer

pero nadie volvió en busca del carpinchito
cuyo grito se fue alejando, perdido,
contrario al lado por el que se iba su mamá

Argot infinito

Entró un montón de viento a mis partituras mientras estabas en casa, maría
quedaban tiradas para arriba y para abajo, descaradas sobre la alfombra.
Por primera vez después del invierno las ventanas abiertas todo el día

Desparramadas por el viento a mil quedó un ritmo de luces y notas de rigor fractal
Sé que el horizonte imparte su lección de argot infinito después del atardecer, maría
Lo que inventamos: un juego, era lo que pedías
reconocer cómo ritmos se creaban sin lógica así como 
–habíamos pensado a la tarde– no se puede –o casi– ver abrirse una flor

un juego: 
Una lupa para ver los pelitos amarillos, un lunar y el sol todo el tiempo del mundo
Hoy el rubor en la piel brotó del verano con la flor de un ciruelo 
Fuimos por una escalera color celeste subiendo entre las nubes hasta alcanzar lo que
sonreía a través de nosotras, maría


Inventamos un ritual con naranjas, le poníamos el gajo en la boca a la otra pero antes
Los hacíamos besarse en el centro y vos todo el tiempo te alegrabas de no estar sufriendo, yo también 
tenía que darme cuenta, sufrir no vale la pena, me lo tenías que recordar para reírnos y 
olvidar su falso sabor, nuestro gusto adictivo 


Pasemos tardes así, tardes en la vida donde todo el tiempo la parte del beso
A lo sumo lo más leve de que seamos capaces el resto
Suelto en el pasar de horas mantas de luz por la tarde y al final 
flotando cerca de nuestro campamento blando 
el ciruelo refulgiendo en su debilidad una terraza de cielo 

y el viento entró en la música, la llenó de aire
nuestra blanda tarde juntas doloridas tan alegremente de argot infinito, maría

Llamitas encendidas para dormir sin pelear

De noche un río caminaba por las calles de la ciudad dormida
Los carteles se miraban entre sí, pálidos sin el fuego del significado
En las casas donde alguien quería amor se encendían velas de supermercado
Lo más romántico que alguna vez conocí, 
Las velas ardían lentamente, consumiendo el dinero que las había comprado
Sin importarles lo barato, el dinero, ni el amor, carísimo
Las manos no estaban unidas, oh no, cada una sobre su propio teclado
Buscando una melodía o una línea de palabras que nunca hubiera sido dicha
Por suerte por fuera de las palabras ardían las llamitas, tan tontas como flores de papel 
mojado
Y alguien en una casa sola miraba mapas para viajar ansiando una soledad nueva
Pero todas las almas eran absorbidas por la blanda luna de manteca que la noche se 
jugaba confiando en su poder
Ya se había bailado, ya habían bebido los festejantes, ya los artistas habían tomado su
pastilla para dormir
Pero los amorosos insaciables buscaban más motivos para pelear y mantenerse alertas
en la temible oscuridad
No sé en qué sonrisa se guardaba algo tibio antes de dormir, algo mullido como una
decisión feliz y fácil 
Entre las luces aún encendidas, en las mechas latentes y últimas, los amantes
enroscaban sus ganas de pelear
Porque aprendían, querer es otra cosa, y así soplaban las velas con un beso arrepentido