Atmósfera

Revista de Poesía
N°4 - Buenos Aires
Junio 2009

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Guillermo Neo. Poeta argentino. Selección de poemas. Revista Atmósfera Nº 4. Buenos Aires, 2009.

Guillermo Neo

Hojas en el suelo

Lloro en sueños las sábanas amanecen secas. Mi fisonomía desmembrada desalmada embadurnada envenenada embrujada desenfundada desguasada Congrega el dolor de mis mujeres. Aquí, justo bajo la garganta donde termina la nuez. Río pureza en la vigilia de un tierno corazón. Me cocino en la sangre de la ingratitud. Lloro seco por la noche

Amarilleando

I Las hojas caen sobre el piso. Una y otra vez continuamente. No dejan de caer sobrevuelan arrastradas por la velocidad de los autos. El cielo mira impávido los hechos como si desconociera el viento como si nada tuviese que ver con la fotosíntesis. Han tapizado el monte de un amarillo marrón claro verdoso la hojarasca abonará las entrañas de la arcilla o será barrida por los barrenderos de traje naranja. Seguro que de aquí a unos meses no quedará rastro alguno de abril, habremos olvidado estos árboles rojizos, por enésima vez perderemos la confianza en el teclado y desayunaremos con un buzo verde y la hornalla prendida. II Los pastos amarillean. Las hojas amarillean. Las palmas de mis manos tienen el tamaño de las hojas del piso. Ensoladas y en soledad. Desparraman belleza. Los cipreses se están amarronando. La enfermedad viene de afuera hacia adentro. El otoño hoy lunes se hace invierno-

El cielo es un paisaje

El único paisaje que nos permite la ciudad. Si la pampa es un cielo al revés, el cielo es un paisaje que al mirarlo da hambre. Tal vez, en este preciso instante en los valles calchaquíes el cielo esté tan monótono y diáfano… que no valga la pena mirar el cielo. En cambio, este cielo céntrico no tiene nada que envidiar a ningún cielo del mundo solo es aire, luz y nubes a diferentes alturas. Un avión se clava en un nubarrón, al principio parece transparente pero luego de un instante se disuelve Una vez más, una nube se come un avión.

Curuzú Cuatiá

El arroyo lo cruzamos a pie por la parte mas angosta. Piedras bajo el agua. Brillan. Como ágatas como amatistas pulidas por el río. Sumerjo las piernas. No me veo los pies. Los peces escapan veloces. Cuanto más profunda más fría es el agua. Un tronco hundido duerme en el fondo arenoso Un ancla de madera bajo el estero un bosque incendiado un bosque inundado. La tierra se ha endurecido cubierta por una capa de ceniza. Está seca como los ojos de un muerto. Más tarde o más temprano la lluvia hará barro del polvo Y los cipreses germinarán entre juncales.

Aire

Después de una semana de fina garúa hoy salió el sol. Las madres, lavan Cuelgan Lavan, cuelgan El cansancio de las madres Extenuadas Exhaustas La ropa flamea Una camisa blanca Un buzo rojo Un pantalón azul Una polera verde Una remera amarilla La blusa Escurren mugre Partículas de luz drenan la tela Las doñas aprovechan el sol frío del mediodía Tensan sogas entre árbol y árbol Cuelgan allí su ropa mojada Su trabajo tempranero El viento zarandea La ropa tendida Banderas de pobreza Ondulan elegantes Al costado de la Panamericana