Atmósfera

Revista de Poesía
N°4 - Buenos Aires
Junio 2009

Soledad Cortes, cineasta chilena, video documental, Al fondo de todo esto duerme un caballo, Gonzalo Rojas, Revista de poesia Atmosfera, Buenos Aires 2009
Soledad Cortés. Cineasta chilena directora del documental Al fondo de todo esto duerme un caballo, sobre la obra del poeta Gonzalo Rojas. Revista atmósfera. NÂȘ 4. Buenos Aires, 2009.

Reportaje vía mail a Soledad Cortés: directora

Atmósfera. Nos gustaría que hicieras un breve repaso por tu trabajo dentro del cine.

Soledad Cortés. Soy quiltra (perra de la calle) y ahí me he formado, partí en la investigación teórica de los medios de comunicación, especialmente TV, fue un trabajo solitario y cabezón que aún gustándome me resultó un ejercicio de ONGS especializadas, para las que estos estudios sólo eran la justificación de fondos para pagar el arriendo, pero de la casa propia. De ahí partí a la calle con la educación popular al más clásico estilo Freiriano (Paulo) y me mantuve en el estudio de géneros y formatos televisivos, pero aplicados a las mujeres como un asunto de conciencia de género.

Gonzalo Rojas y  Soledad Cortés

En plena dictadura esto sirvió para fortalecer la organización popular, para discutir desde la práctica con el feminismo pequebú, y también para destripar en una buena mesa de operación la telenovela, la publicidad, etc., con actores sociales de primera línea.
Después armé una productora independiente para hacer sólo documentales de autor, en una época en que el video institucional era el equivalente al aviso publicitario en el mundo audiovisual, y era lo que más se hacía. Nos dio por el documental/ficción subersivo/político y quedamos recluidos en el lugar común de los festivales con pinta de vanguardistas (una expresión más chic del mercado duro), en banca rota por cierto.
Hasta que apareció en el inicio de la transición (infinita) un programa de documentales de corte cultural y antropológico, El Mirador, de gran prestigio por cierto. Me propuse entrar a ese equipo porque admiraba sus trabajos, tenían contenido y factura audiovisual de excelencia, pero lo central era que lo veían todos los que ven TV porque no tienen guita para otra cosa, y que se realizaba con el rigor que requiere el género.
Convencida de que era una isla de belleza cuando ya la TV iniciaba la telebasura que hoy la tiene copada, me impliqué de a poco en la TV desde una perspectiva política, hasta hoy convencida de que hay que tomarse el poder que tiene, porque la producción independiente ha sido incapaz de cambiar los criterios editoriales que rigen a la TV abierta. Ahí me formé en el documental durante una década, lo pongo así porque esa fue mi escuela mayor. Una escuela que por cierto cancelaron cuando sus contenidos les resultaron inconvenientes para ejercer el poder como ellos quieren.

At. ¿Por qué Gonzalo Rojas y cuál ha sido el vector de esta película?

S.C. A Rojas no lo elegí yo, me lo dieron... “queremos que hagas...” porque estaba muy mal de salud, 90 años... y pensaban que se iba a morir, y yo les propuse que tuviera un carácter de memoria audiovisual testamental.

At. Una cosa que llama la atención es la fotografía. Contanos un poco acerca de ese aspecto.

S.C. Es la multiplicación de los ojos cuando se trabaja en equipo, su finura y gracia provienen de David Bravo, un DF con el que converso mucho y discuto cuando amerita; tiene el don de prestarme sus ojos para los dibujos que se me instalan y la suavidad de brindarme los que él ve cuando yo estoy ciega. Es una fotografía que parece hecha en la placidez de un salón y de veras que está hecha en condiciones muy arduas.

At. Si bien la obra de Gonzalo Rojas no se caracteriza por la descripción o el transcurso en el paisaje, y es un poeta de la voz, como él mismo lo dice, hay una fuerte conjunción entre la narración que se desarrolla por el ambiente (ejecutada por la cámara) y la que parte de la voz de Gonzalo Rojas, ¿cómo lograste tan eficaz relación?

S.C. El tratamiento audiovisual lo diseño después de la investigación, cuando tengo un concepto para comunicar muy preciso y del que no me salgo; es mi guión porque no hago guión, en este caso era –entre otras cosas– una cámara trepidante que no daba tregua, para producir una energía y movimiento que no necesariamente existía, y para armar una especie de “tobogán” en el que se entra y no se para hasta que termina. Eso en la estructura dramática de la visualidad, o sea, el inicio de una caída donde él es siempre primera persona, caer en él sin remedio. La manera que él tiene de hablar es poderosa y su sonoridad es muy viril, tiene además un ritmo único, si hay esa conjunción que mencionas debe ser por pura empatía climática, muy necesaria por cierto, ya que el zumbido y el logos son las ánimas, porque no creo haberme planteado a priori cómo ensamblarlas, sólo dejarme llevar pero sobre un área de vuelo definida.

At. Otra cosa que vimos, que nos parece cautivante, es los momentos de espontaneidad que capta la película. ¿Buscaste esos intersticios de naturalidad?

Gonzalo Rojas

S.C. Lo único que busqué romper es la verticalidad de lo trascendente entre una “vaca sagrada” y su “interlocutor”; en este caso, tanto yo como el telespectador en su casa, justamente para que a este último en la intimidad le retumbara lo que vio, para que prevaleciera la horizontalidad imprescindible para que haya comunión y no sólo admiración por otro. En terreno no hubo ninguna naturalidad, pero me gusta que al armar el asunto haya una cotidianeidad donde la sencillez exista, donde el permiso para reírnos de nosotros sea entre todos, incluido el protagonista.

At. La elección de la música de la película también nos pareció importante. ¿Te gustaría comentar algo en este sentido?

S.C. Sólo dos cosas, que el uso de la trompeta es muy escaso en el documental y es una lástima, la recomiendo con vehemencia...en mi caso conté con Chirino que es un músico cubano de los mejores, y lo otro es que Aliaga es un músico que crea a partir de la música que tú tienes en la cabeza y no sólo de la música que a él se le viene a partir del protagonista y el material de cámara, eso es de una generosidad inmensa, te presta lo que tú no tienes para que oigas lo que tienes entre ceja y ceja; por ejemplo yo quería maderas, percusión y cuerdas sin piano, sin vientos pero con trompeta.

At. ¿Cuál fue tu relación con Gonzalo Rojas durante la filmación y qué conclusión podés sacar, ahora que todo el proceso de filmación está concluido?

S.C. Hubo momentos en que su poesía me dejó transida de emoción, lela, y hubo momentos en que si no fuera por su poesía hubiera salido arrancando a mil por horas; hubo momentos de intensa comunión ideológica, hubo momentos en que su acidez y su ternura me disparaban, todo lo que nos conocimos fue grabando, trabajando juntos, no tuvimos convivencia previa y cuando me despedí en el norte de él se me llenaron los ojos de agua. Mi conclusión es que quedas por un tiempo enrojada.

Graffitti